Oralidades de los AMAWTAKUNA
El relato oral es una manera de transmisión literaria con gran tradición en las tierras denominadas como las Américas. En su transcurso, al no contar con bases para confrontar el diálogo con el Otro, las voces indígenas vuelcan sus habilidades de comunicación hacia el receptor evocando referencias sea cual fuere su origen: las historias, las leyendas, las mitologías. Hay que destacar una profunda huella de este tipo de relato debido a que se hace presente un vínculo poderoso con la tierra, con las culturas y con las lenguas autóctonas. Este vínculo ya ha estado conservándose, latente, aunque las dudas sobre si las lindes entre el mundo ágrafo y el escrito surjan, casi inmediatamente después de la primera traducción.
Sabido es que ha habido una doble frontera en lo referente a la fijación de la oralidad a través de la escritura. Una de ellas es el paso de una lengua originaria a una europea. Esto conlleva una suerte de adecuaciones y fintas entre lo conocido por un universo cultural y otro. La otra es el paso de la oralidad al lenguaje escrito, con sus consiguientes hitos tanto para la cercanía como para la distancia. Al contrario de lo que se podría observar desde la mirada occidental, pensadores más actualizados creen ver sucesivas pérdidas en el texto original en cada uno de estos trancos. Esto es, que en lugar de que se incorporen significados franqueando las puertas de un idioma y pasando a otros métodos, el relato sufre desgaste y deslucimiento que dejan dichas prácticas. A esto hay que añadir los ecos de prestigio, por un lado, y desdén por el otro, de los que han sido objeto las lenguas indígenas. Sin embargo, sería imposible que mucha de la información y de aquella sabiduría proveniente de los pueblos originarios fuese conocida sin la presencia de esta herramienta que es la traducción, en su doble fase.
El presente volumen es una invitación a un Yachay Wasi, esto es, a una escuela de saberes. Y, añadiríamos, a un ámbito en el que se privilegia la memoria. La data que ha sabido recoger el presente volumen es tratada desde una mirada profunda acerca de estos acercamientos. Nada hay de impostado en el discurso y en la reproducción de estas oralidades transcritas, debido a que ha mantenido una directa relación con quienes han sabido conservar uno de los patrimonios más trascendentes, el cultural (véase la nómina de los Amawtakuna colaboradores, al final). Porque la obra nos acerca a la compleja cosmovivencia de los pueblos, colocando énfasis en la propia voz de sus representantes, y es casi como si nos introdujera a dicho espacio, asumiendo la paradoja de que no hay tiempo para sumergirse en el espacio/tiempo al que se nos convoca.
Todo ello es debido a que se advierte, a las claras, que la noción de las dimensiones de tiempo y espacio, unificadas, recorren la mentalidad indígena y se afincan en cada una de sus improntas. Las fiestas ancestrales y ceremonias tienen un peso decidor en esta cosmovivencia. Guardan lazos con los usos sociales, rituales y ayudan a vertebrar una idiosincrasia que habla de la existencia compartida por comunidades. En cuanto a las oralidades ancestrales más populares, asistimos a una concienzuda revisión de lo que en estos territorios existe. El libro registra las distancias entre mito, cuento, rito, leyenda y relato de la vida real, que han sido asumidos en estas páginas, y se despliega hacia un recorrido pormenorizado. Se ha realizado un gran trabajo de recopilación de textos orales para su migración a la plataforma escrita. Un logro indiscutible, si se recuerda a las 14 voces que han sido consultadas, seis de las que, lastimosamente, se han apagado no sin dejar su legado.
Recomendamos calurosamente la lectura del presente libro. Notoriamente puede pasarse revista, por medio de historias singulares, al equilibrio de las comunidades con la naturaleza, el respeto hacia los tiempos regulados por las faenas agrícolas, a las manifestaciones de una voluntad alejada de lo individual y próxima a lo colectivo. Un volumen llamado a permanecer, sin duda alguna.