Las golondrinas sin balcón
Las golondrinas sin balcón. Estos textos se hilan con lana disruptiva y exigen una (in)comprensión inmediata. Buscan apoyarnos, como si fueran una pausa en el tumulto, y una presencia cuando nos encontramos solos, son estaciones o paradas de algún próximo destino. Invenciones que se recorren como una ciudad bajo un cielo blanco, donde cada esquina guarda una escena mínima, un gesto apenas perceptible que, sin embargo, resulta decisivo. Las preguntas que plantean no nos anticipan una trama, nos laten con voz de viajero, como un canto que se sostiene en la soledad. Y entonces surge la inquietud: ¿qué significa posarse sobre algo que no estuvo? ¿Cómo habitar una ausencia? ¿Y si las golondrinas usan nuestras cabezas como balcón?