Un verso por acompañarme
Este libro no empieza: respira. Es una casa sin puertas donde la memoria entre descalza, donde el pasado no irrumpe –se sienta– y espera a ser mirado sin miedo. Aquí hay un niño hecho de intemperie, de barro fresco y tardes largas, se aprendió. a no pedir, a nombrase solo, a inventar caminos donde nadie dejó un mapa. Y hay un hombre que regresa, no para recuperar lo perdido, sino para entender porqué aún lo habita.