Aprender a nadar
Las iguanas marinas son especies singulares: aprendieron a detener su corazón y a llorar la sal que asimilan en sus excursiones submarinas.
Aprender a nadar es un viaje silente hacia la tristeza, el duelo y la amistad. Un sucinto peregrinaje en busca de uno mismo tras resistir el inevitable aleteo de la desgracia.